lunes, 27 de septiembre de 2010
el corazón de hielo teñido de negro
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"...y el Príncipe mandó tapar todos los espejos de la fortaleza, inlcuida cualquier superficie en la que pudiera verse reflejado"
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jueves, 23 de septiembre de 2010
Día de lluvia.
Hoy es uno de esos días en los que te apetece abrazar a alguien, estar quizá junto a tu pareja (añadamos, para no discrimar a nadie, trío xD), y tomar una taza de chocolate caliente (pongamos mejor leche desnatada sola para aquellos con exceso de talla xD)...
No es mi caso.
Soy un lobo solitario, y dedico la tarde a oír el rumor del agua golpeando el vidrio de las ventanas, acompañado quizás por la hermosa voz e instrumentos de alguno de mis grupos, escribiendo retazos de lo que algún día podría convertirse en una historia...
El tiempo se detiene, congelando también los latidos de mi corazón. Oh, es otra vez la Princesa de las Nieves, que sin piedad cierra su puño de hielo alrededor de mi corazón, avocándome a la muerte. Es de nuevo ella que, casi con ternura, demostrando cierta belleza y amor en sus movimientos, destroza mi herida alma, ya moribunda.
¿Apagará algún día la llama que arde en mi interior?
¿Derritirá la escarcha que envuelve a mi corazón?
Os dejo con una canción que me encanta de Evanescence, del EP Origin.
*la letra es preciosa*
miércoles, 25 de agosto de 2010
Sustantivos, adjetivos... ¿Cuál es la combinación perfecta?
Una vez más solicito vuestra clemencia y buena voluntad para consultaros sobre el título del texto que voy a enviar al concurso Edebé, modalidad Juvenil.
Tras someter a votación los nombres que, en su día, pensé, todos quedaron con el mismo porcentaje de votos... Gracias, pero me dejasteis aún con más dudas!! xDD
El caso es que he pensado otro nombre, y me gustaría que me expresárais vuestra opinión, tanto como si es favorable como si no. Tenéis que ser duros y fríos ;)
Bueno, allá va. El nombre pensado es
(o como Liru me dijo: "demasiado largo para ser un título corto, y demasiado corto para ser uno largo" jaja ^^)
Gracias por vuestro tiempo.
sábado, 1 de agosto de 2009
Lágrimas de Sangre
La sangre brotó con mayor rapidez de la que esperaba; perlas encarnadas que se deslizaban parsimoniosamente por su muñeca, adornada con finos cortes; unos ya en proceso de cicatrización; otros aún sangrantes. El dolor no tardó en acompañar las gotas de sangre, que brillaban a la luz de los rayos de luna que se filtraban a través de la pequeña ventana. Ese dolor, en ocasiones, agudo, leve en otras. Ese dolor que calmaba su alma, ahuyentaba los pensamientos indeseados, que abundaban mucho últimamente. Ese pequeño, soportable sufrimiento, era lo único que libraba a su ser del verdadero dolor que sentía día y noche, a cada hora, a cada minuto, a cada segundo de su existencia. Era un imperceptible precio para su liberación. Sólo pedía eso: un rasguño en la muñeca, una línea rojiza entre las venas más marcadas del brazo.
Justificaría aquello con alguna de sus creíbles y sencillas mentiras. No supondría ningún obstáculo. Probablemente ni siquiera tendría que dar explicaciones; apenas reparaban en sus problemas. Estaba pensando seriamente en comprarse una cuchilla con la hoja más afilada, ya que la que utilizaba perdía, poco a poco, el corte perfecto del principio. Sí, lo haría. Prefería los cortes limpios del principio a los imperfectos del momento. ¿Y si… y si se le iba la mano…? Ya había pensado en ello; un pequeño desliz y… Pero no le aterrorizaba la muerte. No en exceso. Si hacía aquello, significaba que asumía ciertos riesgos, ¿no? Uno de ellos, claro está, que su muñeca desvelara las incisiones. No lo hacía, ni mucho menos, para infligir algún tipo de daño en las personas que lo apreciaban… Pero ¿de qué seres queridos estaba hablando? A alguien de su familia, y para de contar. Hacía tiempo que se había percatado de que no contaba con el apoyo de sus… ¿de sus qué? Ya no sabía cómo llamar a esas personas. No le importaba a nadie. ¡A nadie!
Sonriendo, en una mezcla de tristeza y aceptación, deslizó de nuevo la cuchilla por la misma zona que antes. Esta vez, el rojo de la sangre fue un tono más pálido, ya que se fusionó con una solitaria y amarga lágrima, caída de sus lastimeros ojos.
viernes, 3 de julio de 2009
_Suicidémonos_
El viento susurra palabras a nuestro alrededor
Palabras que nos desconciertan, que nos producen dolor.
Esa lírica sin sentido, esa prosa con cierto amor,
Quiere advertirnos de un terrible destino de separación:
Es la vida, que a unos jóvenes amigos quiere separar;
Poco a poco, pero con efectividad.
¡Suicidémonos, ahora es el momento!
No permitamos que el cruel transcurso del tiempo acabe con nuestra amistad.
Hagamos que ésta nunca muera,
Que se mantenga perenne en el espacio,
Que no tenga caducidad.
¡Suicidémonos, cuan largo sea el método elegido comúnmente!
No dejemos que nada ni nadie nos separe jamás.
Consigamos vencer al destino,
Consigamos vencer al dolor.
Que únicamente éste nos atormente una vez,
Y que sea compartido por todos nosotros,
Amigos desde la infancia.
¡Suicidémonos juntos!,
¡Para que nada ni nadie nos separe jamás,
A excepción de los fríos y delicados lazos de la muerte!
¡Suicidémonos, oh, amigos, suicidémonos!
viernes, 13 de febrero de 2009
Muerte Blanca
Con un suave y silencioso suspiro, se dejó caer en la nieve blanca y gélida. No se movía; semejaba la muerte que muy pronto le llegaría a manos de la depresión y el cansancio por vivir. La lucha por inspirar un nuevo aliento de vida le parecía agotadora, impensable. Ya no quedaba más que el frío que poco a poco la invadía, la inmovilizaba, le arrebataba la ya abandonada intención de seguir hacia delante, hacia un nuevo amanecer. La luna alumbraba sus delicadas y fatigadas facciones, mostrando la huella del infortunio en un rostro tan bello. Hasta el sedoso cabello helado estaba, y ya no digamos el alma. Despacio, muy despacio, movió sus labios, sin pronunciar palabra alguna. Cerró los hasta ese momento abiertos ojos, sumiéndose en la negrura de la que no saldría jamás. Sin mirar siquiera, pero calculando las distancias oportunas, agarró suavemente la empuñadura de plata, tan gélida como la nieve o su porpio ser. Con sus últimas fuerzas, sostuvo con algo más de energía la empuñadura, para seguidamente penetrar su aterciopaleda piel, derramando un río de luna encarnado sobre la resplandeciente, incluso de noche, nieve. Ésta fue derritiéndose copiosamente, debido al calor infundado por el denso líquido. Lo hizo de tal forma, que incluso podría decirse dulcemente. Fue una muerte que ya había sufrido hacía tiempo; una muerte esperada, serena y sin dolor. Una muerte que dejaría huella por siempre en aquel terreno que, hermosamente, no volvió a verse de otra manera que nevado, alimentado por la sangre derramada del ser infeliz y delicado que allí murió un día. Su suicidio, pues, no provocó dolor alguno en ella. Si no más bien fue una liberación. Algo que necesitaba desde hacía años. Una liberación que la paz infinita de la naturaleza pudo concederle, aunque fuese ya al final del camino. Sus cabellos quedaron, poco a poco, ocultos por un finísimo manto níveo, al igual que, no mucho después, el cuerpo de la joven. Fue el amor que sentía por sí misma lo que hizo aquello. No pudo maltratarse más a sí misma.







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